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EMPODERAMIENTO DE LAS MUJERES RURALES EN LA REGIÓN LATAM

Actualizado: 7 mar

POR ANDREA QUINTANILLA GALINDO



Recordemos octubre, mes que celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales (15 de octubre) con el fin de promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer rural en provincia, siendo la clave principal para luchar contra el hambre, la desnutrición y la pobreza rural. Es así que, este día busca fomentar su reconocimiento, desarrollo social, y por consiguiente, la ejecución de medidas concretas para asegurar el pleno goce de sus derechos.


Podemos encontrar mujeres dedicadas al trabajo agrícola y rural, sobre todo en países en desarrollo y determinados lugares en continentes como África, Asia y LATAM abarcando la cuarta parte de la población a nivel mundial (según la ONU).

Si bien es cierto, el desarrollo socioeconómico peruano destaca la labor fundamental que representa la mujer rural para la agricultura familiar, la cual otorga abastecimiento de alimentos a todo el territorio nacional, particularmente en la actual coyuntura que vivimos con la pandemia del covid-19. Por esto, el gobierno busca la generación de empleo del cual sean partícipes tanto el hombre como la mujer en provincia, así ofrecer un trabajo equitativo para lograr un avance y restaurar la economía.


No obstante, persiste una discriminación significativa vinculada a la propiedad de la tierra y ganado, a la intervención en la toma de decisiones de entidades como en cooperativas agrarias, igualdad de sueldo, y el acceso a recursos, préstamos y mercados para que sus cultivos y granjas se desarrollen e impulsen.

Además, dichas barreras ponen un límite a su participación en el hogar, comunidades y naciones; inclusive la ONU Mujeres resalta que las mujeres dedicadas a la agricultura familiar padecen de forma desproporcionada varios aspectos de pobreza y que, a pesar de ser caracterizadas por su productividad y buena gestión, tampoco gozan de un acceso equitativo a servicios públicos.




De la misma forma, las brechas de género intensifican la vulnerabilidad de dicho sector poblacional al encontrarse frente a consecuencias e impactos del cambio climático, restringiendo su capacidad de adaptación al estar ante riesgos y su accionar para reducir las causas.


Por otro lado, conforme al Mercado Común del Sur (MERCOSUR), toda mujer rural ha obtenido el reconocimiento de actora fundamental tanto para el desarrollo económico como social de la región; y refiere que una mejora en sus condiciones de vida ayudaría a efectuar avances considerables en el desarrollo sostenible y el cuidado del ambiente, asimismo para erradicar el hambre y la pobreza.

Asimismo, referente a la Comunidad Andina (CAN), países miembros ratificaron este año el compromiso para fortalecer la agricultura familiar y seguridad alimentaria con el proceso de integración andina para la elaboración de una agenda proactiva, especialmente con la contribución de la mujer rural para la reactivación económica y la mejora respecto a la calidad de vida de la población y comunidades. Ello se debe a que la mujer tiene un papel trascendental en la conservación de la biodiversidad del Perú a partir de la aplicación de prácticas ancestrales y conocimientos, y haciendo frente al cambio climático. Es así que, la CAN busca apoyar y reforzar el trabajo de múltiples artesanos y de micro y pequeños empresarios que se dedican al rubro de artesanía andina, de esta forma robustecer las capacidades de los actores y generar su competitividad a partir de mayor participación y trascendencia en el marco de proceso de integración de la región.



Recientemente, en el mes de abril se promulgó la Ley N°31168 gracias al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI) y el Ministerio de la Producción (PRODUCE),

una Ley que apoya el empoderamiento de la mujer, igualdad de oportunidades y promueve el desarrollo de programas de emprendimiento de la mujer rural e indígena a partir de la creación de un fondo en particular dedicado para planes de negocio, ayuda técnica, proyectos productivos y uso de tecnologías agrícolas de dicho rubro social. Asimismo, la Superintendencia de Banca, Seguros y Administradora Privadas de Fondos de Pensiones (SBS) junto con el MIDAGRI, PRODUCE y el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) llevará a cabo programas que capaciten concretamente a las mujeres rurales e indígenas respecto al financiamiento productivo y el acceso al crédito.


Para dicho efecto, se refiere a las mujeres

rurales como aquellas que habitan en zonas rurales y realizan actividades vinculadas de forma directa o indirecta con la sustentabilidad y productividad rural, aún si esta actividad no tiene reconocimiento por parte de los sistemas de información y medición del Estado o no da remuneración alguna. Sobre todo, se especifica que la mujer rural puede pertenecer a algún grupo sea indígena, afrodescendiente, nativa o inclusive mestiza.


Esta nueva Ley fomentará una gran autonomía económica a favor de la mujer rural e indígena puesto que abarca dicho asunto desde la educación, capacitación técnica tanto financiera como productiva, de esta forma ayudarles a obtener sus ingresos personales, emprendimientos, entre muchos otros beneficios para ellas. Cabe recalcar que ejecutar esta norma significa un buen avance de conformidad con aquellos compromisos internacionales adoptados por Perú, apostando por sociedades más justas, pacíficas e inclusivas, según el Objetivo de Desarrollo Sostenible 16. (ODS 16)


Un buen ejemplo son las mujeres rurales dedicadas a la cadena de valor del algodón, que apoyan tanto al desarrollo agrícola como a la seguridad alimentaria en América Latina. Tales mujeres luchadoras lo dan todo en el campo, volviéndolo su apuesta de vida y de desarrollo; como lo refleja la Cooperativa de Producción Artesanal de Ao Po’i y de Servicios de Yataity, proveniente de Paraguay.



Dicha Cooperativa, la cual usa el algodón como materia prima, despegó gracias al arduo trabajo de un grupo de asociados, incluyendo a mujeres agricultoras y artesanas. Tras separar la fibra de la semilla, ellas convertirían el hilo del algodón en una valiosa artesanía.

Estas mujeres iniciaron con aquel proceso de valoración de bienes culturales, de la artesanía tradicional vinculada con la identidad nacional. Luego de múltiples capacitaciones y el proyecto de mejora de la infraestructura y la obtención de maquinarias, las oportunidades de colocación en el mercado nacional y extranjero se presentaron a la Cooperativa, al ser parte de ferias en Paraguay y a nivel internacional. Toda esta experiencia y conocimientos adquiridos del grupo posibilitaron a las nuevas generaciones de estar mejor capacitados para seguir el proceso asociativo. Sus productos son una variedad de prendas y otras creaciones hechas a partir del tejido tradicional de Yataity, pasando por un control de calidad para dar un producto de alta calidad, del cual sus diseños pueden variar dependiendo de la creatividad de cada artesanía y confeccionista que lo hizo con sus propias manos.



Respecto a las mujeres rurales en Perú, específicamente en el departamento de Piura, podemos tomar como ejemplo a la agricultora Juana Santos Vilchez (Entrevistada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura - FAO), quien es una mujer orgullosa de habitar en la zona rural del país, de transmitir sus saberes propios con los demás y de colocar sus manos en la tierra que tanto respeta, donde tiene múltiples cultivos, uno de ellos es el algodón. Para ella, la agricultura le abre las puertas hacia una buena alimentación y vivienda junto con su familia, pese a lo complicado que es entrar en la actividad agrícola ya que predominan los hombres.


No olvidemos el Proyecto +Algodón, realizado por la FAO, la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI), Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria (EMBRAPA) y el Instituto Brasileño de Algodón (IBA); el cual ayuda al fortalecimiento del sector algodón, del talento y capacidad de la mujer rural algodonera en siete países: Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Haití y Perú. Este proyecto lucha por la sostenibilidad de dicho sector, busca capacitar a la mujer rural para empoderarla y hacerla partícipe en justas condiciones dentro de la cadena de valor del algodón, desarrollando el rol de género de forma transversal en sus actividades regionales y en proyectos nacionales, donde encontramos retos para la equidad de género.






Andrea Quintanilla Galindo es estudiante de último año en la carrera de Derecho Corporativo de la Universidad ESAN, Perú. Pasante legal y Miembro del Área de Investigación en Derecho y Ciencias Sociales de la Asociación Fashion Law Latam.


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