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EL BOOM DE LAS EMPRESAS CERTIFICADORAS DE MODA SOSTENIBLE

He escrito en varias oportunidades sobre la moda sostenible, aquel movimiento que surgió en Reino Unido con la diseñadora Kate Fletcher y que con la tragedia ocurrida en Bangladesh un 24 de abril de 2013 en donde se incendió una empresa textil murieron más de 1000 personas, y que evidenció no solo que se incumplían las normas medioambientales en la industria textil sino la explotación que muchas personas niños, mujeres e inmigrantes estaban expuestos, trabajando más de 18 horas al día y exponiéndose a sustancias químicas nocivas para su salud.


Debido a este evento muchas empresas de la industria decidieron tomar conciencia de la importancia y del efecto que sus conductas podrían traer en el futuro, tal es así que la ONU en una investigación declaró que la industria textil es la segunda industria más contaminante del mundo y frente a ello se han realizado varias actividades para contrarrestarla como por ejemplo la ONU creó la alianza de moda sostenible o se firmó en agosto del año pasado el Fashion Pact en el que varias empresas de la industria textil, moda y fashion retail del mundo se comprometieron a proteger los ríos y océanos, evitar el cambio climático y a proteger la biodiversidad de nuestros recursos.


Sin embargo, no es sino con la pandemia del Covid-19 que el mundo se ha dado cuenta del daño le hemos hecho a nuestro planeta y la industria de la moda ha convertido el movimiento de moda sostenible en su estandarte. De hecho, ya muchas empresas desde fast fashion, tiendas por departamentos, fashion retail, empresas textiles, diseñadores de moda, entre otros, se encuentran promoviendo este movimiento y comunicando a sus consumidores que fabrican y comercializan moda sostenible.


Pero ¿es cierto que todas estas empresas fabrican moda sostenible? O es que estamos frente a una nueva corriente denominada Greenwashing, que consiste en promocionarse como una marca verde o green, sin serlo, porque seamos honestos, tomar una foto con una modelo con un vestido verde en un campo verde no implica que sea una empresa que respete las normas medioambientales ni que cumpla con los derechos laborales de sus trabajadores.


Frente a esto, es que desde hace un tiempo atrás y ahora más que nunca surgen las certificadoras en la industria textil y moda, que luego de realizar un due diligence a toda la cadena de producción, suministro y hasta de promoción del producto, otorga un sello o certificado con la finalidad de validar que efectivamente esa empresa sea sostenible.


En la actualidad se están empezando a solicitar a las empresas de moda, textiles y fashion retailers en general que cuenten con dichas certificaciones, con la finalidad que los compradores con tan solo ver que cuentan con dicho sello ya no tienen la necesidad de auditar sus procesos.


En el mercado ya existen certificaciones que son mundialmente conocidos, tales como Global Organic Textil (GOTS) que consiste en un norma internacional que certifica la fibra ecológica en base a cumplir con una agricultura ecológica; Global Recycled Estándar que certifica el uso de materiales reciclados en la cadena de producción del producto; Bluesign que certifica que las empresas cuenten con un proceso de producción que minimiza el impacto del medio ambiente y garantice la salud de las trabajadores contribuyendo a reducir las sustancias que son nocivas a la atmósfera o realizando un tratamiento de las aguas residuales para su purificación; Ecolabel que es una ecoetiqueta europea, que certifica que las empresas reducen sus impactos en el medio ambiente; El Sello de Comercio Justo o Fairtrade (Fairtrade Labelling Organizationa) que promueve el respeto de los derechos humanos, rechaza la explotación y discriminación teniendo una relación equitativa entre los productores y compradores, preservando el medioambiente y protegiendo los derechos de los niños y minorías; Sistema B, en donde se debe cumplir con una serie de requisitos laborales y medioambientales, así como contar con políticas de buen gobierno corporativo, tales como modificar estatutos de la empresa en donde incluirá el objeto social con propósito social o ambiental, así como anualmente se reportarán las actividades que colaboran con dicho propósito a los accionistas, directores y gerente general quienes velarán por su cumplimiento, entre otras.


Estas certificaciones también pueden ser otorgadas por entidades públicas, por ejemplo, la Autoridad Nacional del Agua del Perú (ANA) se encuentra otorgando un Certificado Azul a las empresas que participen en el Programa de Huella Hídrica, que tiene por objetivo que las compañías tengan una mejor eficiencia en el uso del agua.


Como verán la moda sostenible llegó para quedarse y el surgimiento de estas certificaciones son un claro ejemplo que ahora más que nunca las empresas no solo deben parecerlo sino serlo, cuyo mensaje principal es que no solo basta con que una empresa genere utilidades, sino que debe preocuparse por cumplir con las normas laborales y medioambientales porque las compañías para trascender deben ocasionar un cambio positivo en nuestra sociedad.


ANNALUCIA FASSON LLOSA

Socia del Área Corporativa y Jefe del Área de Derecho de la moda y retail de Muñiz, Olaya, Meléndez, Castro, Ono & Herrera Abogados






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