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24 DE ABRIL Y TODOS LOS DÍAS. LAS CONDICIONES DE TRABAJO DEBEN SER DIGNAS SIEMPRE

POR ANA CAROLINA ALBANESE


Aproximadamente hasta 1980, las industrias de la ropa y el calzado, además de la alta costura, producían en masa estilos estandarizados que no cambiaban mucho de una temporada a otra. La mayor parte de la producción de materiales y bienes finales se llevó a cabo relativamente cerca del final.


La base era generalmente regional y relativamente estable, y las colecciones estacionales se dividían en dos (primavera / verano y otoño / invierno).


En la actualidad gran parte de las marcas de indumentaria diseñan en un país, subcontratan la manufactura en otro donde la mano de obra es grotescamente más económica -normalmente países en vías de desarrollo- y comercializan sus productos en países desarrollados. Todo este ecosistema que dio también espacio al crecimiento y desarrollo de marcas de fast fashion y la corriente que lleva el mismo nombre respondió a diversos factores, económico, cultural, social.




En cuanto al número de colecciones por año, si bien a partir de 2020 la tendencia está moviéndose hacia otro destino, en los últimos 25 años, con algunas marcas de moda que ofrecen hasta 20 colecciones cada año y 52 “drops”, una por semana.


El proceso de confección se lleva a cabo de manera hiper segmentada dentro de la cadena de suministro y además geográficamente disperso. Por ejemplo, se diseña en Italia, se manufactura en Bangladesh, si la prenda tiene algún bordado o detalle particular puede que vaya a otro lugar del mundo donde se realiza el detalle, y luego se comercializa en el o los países que tengan destino las prendas.




La industria de la Indumentaria – como casi todas las industrias- impacta en el medioambiente, la sociedad y la economía.

En cuanto al medioambiente, la vertiginosa cara de la Moda se tornó en un sinfín de producciones, sobre stock, quema de toneladas de productos sobrantes, generación de toneladas de textiles en vertederos, aguas y subsuelos contaminados, plásticos y microplásticos en los océanos y otros tantos factores negativos en el ambiente.


Sin embargo, en esta ocasión, me propongo comentar sobre uno de los tantos factores que impactan en el ámbito social del sector de la indumentaria en el planeta.

Para comenzar me gustaría ponernos en tema con algunos datos:


El sector manufacturero global del textil, la confección, la piel y el calzado tenía a 31 de diciembre de 2017 alrededor de 300 millones de trabajadores. En Asia, la producción de artículos de moda representa ya el 40% de los puestos de trabajo industriales.[1]

¿Y en Bangladesh?


La industria textil de Bangladesh, valorada en 28.000 millones de dólares, supone el 80% de las exportaciones del país asiático. Es el segundo mayor exportador de ropa del mundo. En sus más de 4.000 fábricas trabajan alrededor de cuatro millones de personas.[2]


Sin dudas, una gran proveedora de trabajo y una rueda de la economía indispensable para la humanidad.


Este mes de abril, para ser más específica el 24 de abril, quienes de alguna manera trabajamos en o para la industria de la moda es una fecha que no dejamos pasar fácilmente.

Desde 2013 se conmemora una tragedia, la de Rana Plaza en la que un edificio de ocho pisos ocupado en su gran mayoría por talleres de confección de prendas. El edificio estaba agrietado y ya sabían que corrían peligro. Sin embargo, debían seguir confeccionando. La cifra oficial al cierre de las labores de rescate, el 13 de mayo, fue de 1.130 muertos y 2.515 heridos.





Esta desdicha marcó un punto de inflexión en la industria.


En varios países el trabajo precario domina diferentes sectores productivos. Es una vía de escape de la pobreza. Es una realidad que se reitera, no es exclusiva de una comunidad, un país o una región. Pero sí se reitera en relación con la manufactura de indumentaria.

Es por ello que, la conmemoración de esta trágica fecha debe significar una toma de conciencia. Pienso que existe un comportamiento reiterativo y común a toda la humanidad sin importar cultura, religión o geografía. Los seres humanos somos reactivos en muchísimas ocasiones y comenzamos a accionar, hablar, debatir, pedir y exigir luego que algún hecho nos impacte de manera directa, a veces indirecta en nuestras vidas.


Se han llevado a cabo acciones varias luego de la tragedia, aunque queda mucho por hacer. La realidad social y económica de los países en los que se elige manufacturar no ayuda. El salario mínimo, que se aumentó tras la tragedia, es de unas 5.300 takas mensuales (unos 50 euros). Eso significa unos 0,30 euros la hora, trabajando aproximadamente 60 horas a la semana. Los objetivos de producción son tan altos que muchas veces deben realizar horas extra superando las horas antedichas por mucho.


Rana Plaza sigue sonando fuerte, y continúan lamentablemente replicándose el trabajo precario, condiciones inseguras en los lugares de trabajo, labores mal pagas, trabajo infantil entre otras lamentables condiciones.



Manufactureros y el 2020. Futuro


El 2020 golpeó durísimo al sector de manufactura de la indumentaria. Millones de órdenes canceladas y por ende impagas, trabajos caídos, despidos y quiebras son algunas de las realidades que vivimos y que, lamentablemente pareciera seguiremos pasando en el 2021.

Según datos de la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Ropa de Bangladesh (BGMEA), un total de mil ciento cincuenta fábricas de ropa del país tuvieron que cancelar o suspender pedidos por valor de 3.180 millones de dólares estadounidenses. Muchas fábricas no sobrevivirán.


La Asociación de Confeccionistas y Exportadores de Bangladesh (BGMEA) dice que ha llegado el momento de que las empresas mundiales respeten y hagan honor a su compromiso con los derechos laborales, la responsabilidad social y las cadenas de suministro sostenibles, y sobre todo que cumplan las condiciones de los contratos de compra, que cumplan las obligaciones y que no renegocien el precio o las condiciones de pago. A medida que las marcas y las tiendas cancelan los pedidos, se deben mantener las prácticas de compra responsable para que toda la industria sobreviva y se recupere de la crisis.[3]

Esta realidad se replicó no sólo en Bangladesh sino en todos los países que manufacturan indumentaria para el mundo. Trabajadores de la confección salieron a la calle rogando volver a sus puestos de trabajo en distintos lugares del planeta, sin importar en qué condiciones se les ofrecían las tareas. Necesitaban comer y alimentar a sus familias.

Aprendizajes duros que nos ha traído el 2020 y que no podemos dejar de ver en adelante. Pensar la producción, repensar los calendarios, las colecciones, los materiales y la confección. El planeta se achicó, buscar proveedores, confeccionistas, comercialización en los entornos cercanos vuelve todo más amigable con el comercio y el planeta.


Concluyo con estos pensamientos que recurren en mi mente: Las condiciones indignas de trabajo no pueden seguir guiando los pasos de la confección de una colección. La dignidad de la persona no puede ser parte de la especulación de costos de una prenda. La estructura de costos tiene un rubro no negociable y es el trabajo decente.

24 DE ABRIL Y TODOS LOS DÍAS. LAS CONDICIONES DE TRABAJO DEBEN SER DIGNAS SIEMPRE


Ana Carolina Albanese es ; Abogada y speaker. Profesora e investigadora universitaria en Fundación UADE. Mágister en Derecho del Consumo por la Universitat de Valencia, España. Especializada en Fashion Law por Fashion Law Institute at Fordham University.

[1] Fuente: https://www.modaes.com/entorno/la-industria-de-la-moda-emplea-300-millones-de-trabajadores-en-el-mundo-es.html [2] Fuente: https://www.elmundo.es/internacional/2018/04/24/5adf0ca6e2704e18538b461a.html [3][3] Fuente: https://fashionunited.com.ar/noticias/moda/el-30-por-ciento-de-las-empresas-mundiales-de-la-moda-no-sobrevivira-a-la-crisis/2020052228724

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